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SAGA EL ÁRBOL DE LOS ELFOS
Mi pareja alfa Jän y Noram
Juega al apasionado e intenso amor secreto de Jän y Noram, siéntelo, vívelo. Romanticismo, humor, acción, elfos, buscadores, guerreros, una Tierra moribunda, un árbol especial, una misión trascendental, un elfo malvado sin escrúpulos, pero sobre todo un amor secreto, irresistible, sensual, erótico… y un vínculo mágico que trasciende a los siglos.
«¿Por qué siempre acabábamos discutiendo? ¿Por qué Noram siempre conseguía desviar mi atención, fuera cual fuera la situación? Ya podían estar explotando la Tierra y todos los planetas del universo, que Noram y yo estaríamos discutiendo entre las llamas y la metralla de la detonación. ¿Por qué siempre terminaba siendo el protagonista de mis pensamientos? Incluso estando en shock acababa poniéndome de mal humor, tanto, que hasta me había olvidado por un momento de lo conmocionada que estaba por el asunto tan extraordinario y grave que lo había causado».
«Nos quedamos en silencio, siguiendo el ritmo de la música, acariciándonos, sintiéndonos con esa contención a la que ya le habíamos cogido la medida. Una vez más, no sabía qué estábamos haciendo, a qué estábamos jugando ahora. Este juego cada vez se nos iba más de las manos. Sin embargo, yo quería más. Sí, a pesar de todo, a pesar de esa promesa que Noram no podía romper, seguía queriendo más. Quería sentirle por todo mi cuerpo, quería sentirle dentro de mí, sentir al chico que amaba con toda mi alma, del que estaba locamente enamorada, ese chico que tenía a solo un centímetro de poseer… Sabía que estaba jugando con fuego. Sí, lo sabía, pero, maldita sea, no podía evitarlo, la atracción que sentía por Noram ya se había convertido en algo tan irresistible e inevitable como respirar, era algo que faltaba a la lógica, algo inefable. Algo vital».
«Mis piernas se pararon en el umbral. La habitación estaba a oscuras, iluminada por el fulgor de la luna llena y la lumbre de la chimenea. Noram estaba esperándome a los pies de la cama. Las cortinas del dosel estaban desplegadas y su mirada clamaba a las claras lo que tenía en mente. Lo gritaba, lo reclamaba. Como el depredador que acecha a su presa. Esta vez el zorro iba a cazar al ciervo, sin importar su tamaño. Se lo había propuesto y lo iba a conseguir. Entonces supe a qué se debía la expresión de su rostro en el pórtico, todo mi cuerpo se estremeció cuando me di cuenta».
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SOL Y LUNA
Mis parejas alfa Nala y Jedram, Soka y Sephis
Sueña con el enigmático y atrayente amor de Nala y Jedram. Viaja con el amor fuerte y verdadero de Soka y Sephis. Dos hermanas, dos semidioses, dioses, tribus, sacrificios ancestrales, atracciones irresistibles, leyendas mágicas, romance y fantasía con toques eróticos, acción.
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«Sin apartar mis pupilas de las suyas, sin entender muy bien todavía por qué diablos lo hacía, comencé a quitarme la ropa. No sé qué tenía ese hombre, ese joven cuya seguridad e irrefutable autoridad le hacían hombre, tan hombre, pero me despojaba de todo raciocinio lógico. Era como ese influjo del que me había hablado mi padre cuando me contaba historias, ese influjo que tenía la luna sobre las mareas. Yo jamás había visto el océano, pero sin duda Jedram era la luna, y yo era el maleable mar».
«Los dos unimos nuestros labios otra vez, apasionadamente. Jadeé, jadeé impetuosamente, y me aferré a su cuello mientras me sentaba sobre sus caderas. Sin dudas, sin normas. Nuestra agitada respiración combinaba con los besos alocados y fuera de sí. Sephis se incorporó con rapidez, alzándome con él, y me apretó contra su cuerpo. Al sentir la protuberancia de su pantalón entre mis piernas, me excité como nunca y gemí sordamente. Llevaba demasiado tiempo ansiando eso. Él también gimió. Y yo me sentía húmeda y caliente… Esta vez dejé que mi deseo fluyera con total libertad».
«Que me perdonasen los dioses. ¿Lo harían? ¿Tendrían piedad de esta alma descarriada? No me importaba. Iría al mismísimo infierno gustosamente con tal de poder gozar de todos sus arrebatadores e hipnóticos encantos, aunque solo fuera una vez, porque deseaba a Jedram con todo mi ser, le deseaba desde siempre. Quería tenerle dentro de mí. Quería que me tomara, que me poseyera, que me hiciera suya. Quería poseerle. Poseer a este semidiós al que todos temían. Quería hacerle mío, solo mío. Me moría por yacer con él, por probar su cuerpo supremo. Lo ansiaba, quemaba como el fuego. Nada logró hacerme entrar en razón. Ni siquiera sentí remordimientos ni culpabilidad. Nada conseguía echarme atrás».
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SAGA LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES
Mi pareja alfa Nathan y Juliah
Vive y siente el amor mágico, profundo e intenso de Nathan y Juliah. Guerreros y sacerdotisas, reinos y reyes, dos mundos, magia, un amor imposible, sensualidad, erotismo, fantasía y acción. Young Adult.
«―Ya, claro, pero verás, uno cree que puede elegir entre dos, tres o quinientas personas, pero en realidad, el corazón es el que escoge ―afirmó con una convencida vehemencia―. Cuando tú crees haberte decidido por alguien, es el corazón el que ya ha hecho esa elección, y una vez que el corazón elige, ya no hay vuelta atrás. Nadie elige de quién se enamora, nadie. A veces hay algo sobrenatural en el amor, algo… inexplicable. ―De pronto, sus ojos se engancharon a los míos, ensimismados, y, sin darse cuenta, empezó a hablar entre murmullos―. Solo ocurre una vez en la vida, pero cuando ves a esa persona, cuando la encuentras, lo sabes, lo sientes. Es algo que te lleva hacia ella sin remedio, una fuerza imparable que te atrae hacia ella y contra la que es imposible luchar, algo que hace que solo la veas a ella, que solo exista ella para ti… Entonces es cuando lo sabes, cuando sabes que la has encontrado. Te das cuenta de que esa persona es tu alma gemela, esa única persona que hay en todo el universo hecha a tu medida, sabes que está hecha para ti y tú para ella, que habéis nacido el uno para el otro…».
«De repente, me había puesto tan nerviosa, que me temblaban hasta las piernas. Mis manos también temblaban. Dios mío, todo mi cuerpo temblaba…, y de una manera febril. No se me cayó el bastón al suelo de puro milagro. Empecé a sentirme más frágil que nunca, me sentí totalmente vulnerable, como si de pronto me hubiera convertido en una vasija de cristal que podía romperse en cualquier momento con el temblequeo, incluso me sentí pequeña, insignificante, diminuta, ante ese impresionante chico que se acercaba a mí con rapidez y decisión».
«Le deseaba, le deseaba demasiado, le amaba demasiado, con toda mi alma. Nathan era irresistible para mí, todo me llevaba a él, todo en él me reclamaba que me entregase… Él podía ser mío ahora mismo, solo tenía que besarle, solo tenía que entregarme a él; y lo quería todo para mí. Sí, ansiaba tenerle, pero también pertenecerle, aunque desde luego yo era suya, ya lo era, ya lo había sido siempre. De pronto, todo lo demás pasó a un segundo plano al instante, fue barrido de mi mente de un manotazo. No me importaban esas absurdas clases sociales, ni las leyes de las Cuatro Tierras, ni todas esas tonterías sobre nuestros estatus, ni siquiera Orfeo. Ahora solo podía verle a él, al hombre del que estaba locamente enamorada, y por fin lo tenía aquí, delante, a mi lado, ofreciéndome esta oferta irrechazable, dispuesto a hacerme el amor. Volví a estremecerme solo con imaginármelo. Esto era una locura, lo sé, y jamás pensé que yo pudiera perder la cabeza de este modo, pero eso era lo único que importaba. Lo único que dominaba mi pensamiento era el intenso y apasionado amor que sentía hacia Nathan. No podía ver otra cosa. Sí, lo único que ansiaba era bajarle el pantalón y que el hombre que amaba con esta locura empezara a poseerme aquí mismo».
«―Debes de estar muy loca para aceptar estar con alguien como yo ―susurró en mi oído, poniéndome todo el vello de punta.
Me despegué de él lo justo para tener su rostro delante y clavé mi hambrienta mirada en la suya.
―Te conozco mejor que nadie, y me da lo mismo todo eso, sé cómo eres realmente ―susurré en su boca.
―Eso no me hace un buen chico, July ―medio sonrió.
―Me da igual que seas malo. Aunque fueras el más terrorífico de los hombres, yo te amo, y jamás dejaré de amarte. Te amaré siempre, Nathan Sullivan, seas malo o no, hagas lo que hagas ―jadeé ya con ansia».
«―Te aseguro que ese fue el minuto más largo de mi vida ―afirmó, llegando frente a mí. Me incomodé en un principio por su cercanía, pero al ver que me tenía acorralada y no podía zafarme, traté de que al menos mi vista pudiera esconderse y la bajé otra vez. Sin embargo, cuando su mano se posó en mi mejilla, un torbellino se apoderó de mi estómago, haciendo que mis pupilas ascendieran hacia él sin remedio. Entonces, enganchó sus ojos de plata a los míos y ya no pude ni moverme. Me hipnotizaban, enredándome en un ensueño mágico y profundo que se sumaba a su embriagadora y encantadora fragancia―. ¿Qué puedo hacer para que me perdones? ―murmuró, enjugando mis lágrimas. Me estremecí―. No puedo cambiar mi pasado, eso lo asumo, pero haría lo que fuera por ti, July. Haría lo que fuera para que me perdonases, lo que fuera ―aseguró, pegando su rostro al mío con vehemencia al tiempo que engarzaba sus manos a mi cintura para pegarse a mí. Me resultó completamente inevitable que mis párpados no se cayeran y que mi boca no dejara escapar ese pequeño y tembloroso jadeo. Él continuó hablando entre susurros, prácticamente en mis labios―. Cambiaré mi vida por tu padre, si es preciso. ¿Quieres que me quite la vida? Porque si esa es la única manera de que me perdones, si es el precio que tengo que pagar por tu perdón, lo haré sin pensarlo».
«―¿A qué estamos jugando, July? ―murmuró en mi oído con fervor.
Exhalé un tembloroso soplo con ese roce de su aliento caliente y húmedo que rebosaba deseo. Su embaucador aroma me envolvió con su particular nube, haciéndome flotar.
―Yo no estoy jugando ―logré musitar.
―¿No? A mí me parece que sí. En realidad, siempre nos ha gustado jugar a esto, desde críos. Parece nuestro juego favorito, ¿no es así? ¿Qué toca hoy? ¿Me odias? ¿Me quieres?
Sus susurros me estremecían… Su olor me seducía…
―No… ―murmuré, sin siquiera saber lo que estaba diciendo.
Sus manos no tardaron en instalarse en mi torso. Lo repasaron de abajo arriba, despacio, saboreando cada recoveco, cada poro de mi piel… Mi respiración ya no pudo disimularlo más, estaba totalmente encendida, envuelta en unas llamas sensuales y tórridas.
Entonces, su aliento volvió a rozar mi oído, y lo que oí, estremeció hasta la última de mis células.
―¿Quieres jugar? ―susurró, abandonando mi vulnerable pecho».
«Me cerní sobre ella y, sujetándola con cuidado, la despegué del mullido terreno para levantarla y arrimarla a mi cuerpo. La cubrí con mis brazos, estremeciéndome al sentirla tan pegada a mí, piel con piel. Pero la cosa fue peor cuando su cabeza osciló con el movimiento y su frente acabó posándose en mi cuello. Podía sentir su cálido y dulce aliento, podía inhalar ese olor que me volvía loco; emanaba de su pelo y sus poros, como una bruma silenciosa, sigilosa, que me envolvía en un auténtico sueño. Nunca había olido algo tan delicioso, tan sensual. Mi abdomen no podía dejar de sufrir sacudidas eléctricas y mi caja torácica se quedaba pequeña para los latigazos que le propinaba mi confuso corazón».
«Su aroma me atrapó por completo y mi corazón se colapsó, apenas era capaz de respirar, de canalizar todas las sensaciones que atravesaron mi organismo. Mis ojos se engancharon a los suyos sin que pudiera remediarlo y se encadenaron a ellos largo rato. Luego, los dos descendimos para fijarnos en la parte inferior de nuestros rostros. El agua de la lluvia resbalaba por sus labios, aunque seguían siendo rosados y cálidos, sensuales. Su tentador aliento alcanzó mi boca, haciendo que el mío ya se escapara agitado.
Era esa tremenda energía sexual otra vez. Incluso aquí y ahora, bajo esta airada tormenta, arrojaba sus atrayentes poderes. Señor, únicamente nos habíamos intercambiado los alientos y yo ya estaba completamente empalmado. ¿Qué tenía esta chica que tanto me atraía?
―Te necesito, Nathan ―susurró, suplicante, casi sollozando. Sus manos se aferraron a la tela de mi espalda―. No lo soporto más. Te… te echo de menos.
No sabía por qué, pero yo también la necesitaba. Y la deseaba demasiado. Sí, me jodía reconocerlo, pero la deseaba desde el primer día que la había visto, ella había hecho que naciera un fuego voraz dentro de mí que me abrasaba si no la tenía cerca. Muy cerca. Un fuego que me consumía día a día, hora a hora, segundo a segundo… Un fuego que se había convertido en una prioridad, obnubilando cualquier cosa, incluso la misión, un fuego que ya era un instinto casi irracional que necesitaba apagar con urgencia. Quería estar dentro de ella, sentirla, saborearla, toda mi alma sabía sin ningún tipo de duda que terminaría asfixiándome si no lo hacía».
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SAGA DESPERTAR
Fanfic Continuación de Amanecer, de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer
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Mi pareja alfa Jacob y Nessie
Enamórate de Jacob y Renesmee, dos almas gemelas, de su amor increíble, mágico y espiritual, de su vínculo extremadamente fuerte e irrompible. Lobos, vampiros, licántropos, magia, sensualidad desbordante, erotismo, fantasía paranormal y acción. Young Adult.
«Mi padre se acercó como una exhalación y se puso a un palmo de Jacob.
―Dime que eso que gritas en tu cabeza todo el tiempo desde que entraste por esa puerta es producto de tu imaginación ―le exigió, rechinando los dientes.
Mi madre se unió a él.
Jacob puso los ojos en blanco y se metió las manos en los bolsillos. Bordeó a mis padres y se dio un paseíllo por el salón hasta que se apoyó en la pared tan tranquilo, con las piernas cruzadas.
―Pues sí. ¿Qué pasa, no puedo tener intimidad ni para imaginar?
Mi concentración se vino al traste cuando, al caminar por delante de mí, me di cuenta de repente de que Jacob estaba semidesnudo. De lo asustada y confusa que había estado, no me había percatado hasta ese momento de que iba sin camiseta. Aunque era tan leve como en el coche, todavía seguía oliendo igual de bien que en el claro y el recuerdo saltó como un resorte en mi mente, cristalino y nítido.
―Entonces dime por qué ella está «imaginando» lo mismo que tú ―gruñó mi padre mientras giraba la cara lentamente para mirarme.
Sin duda, era un gruñido de dolor y decepción, más que de enfado. Mis mejillas se encendieron».
«Me eché sobre su hombro y le abracé de nuevo, se estaba tan bien ahí.
―¿Te das cuenta de que me has salvado la vida? ―musité.
―Bueno, tú salvaste la mía ―me respondió con un susurro.
―¿Yo? ¿Cuándo? ―quise saber, extrañada.
―Cuando me imprimé de ti ―confesó―. Tú eres mi ángel.
Mi garganta se vio bloqueada por un instante.
―Y tú el mío ―murmuré finalmente, apretando mi abrazo―. Siempre has sido mi ángel de la guarda».
«Ahora la lluvia la sentía caliente al contacto con mi helado cuerpo. Estaba tan gélido, que el frío ya formaba parte de mí. Incluso la arena mojada, que ya empezaba a pisar, me parecía un suelo lleno de brasas. Oí a Jacob a unos pasos detrás de mí, me estaba alcanzando.
―¡Nessie, te quiero! ¡Te quiero a ti, solo a ti,siempre has sido tú! ¡Estoy enamorado de ti! ¡Siempre ha sido de ti!
Las palabras fueron de un impacto tal, que fui reduciendo la velocidad hasta pararme por completo en mitad de la húmeda y blanda playa. Él también se quedó quieto a mis espaldas. Parecían sinceras, ya que habían sonado cálidas cuando se metieron en mi oído, pero no me deje engañar. Sabía que no me las estaba diciendo a mí. Solo estaba fingiendo».
«Esto era un despertar. Mi despertar. Yo había estado dormida todos estos años y ahora me había despertado, había abierto los ojos y podía verlo todo con total lucidez. Habíamos estado conectados toda la vida, los dos estábamos imprimados y nuestro amor era para siempre. Nuestro vínculo era infinitamente fuerte e irrompible, ya lo era incluso antes de que yo naciera. Estábamos destinados, habíamos nacido para estar juntos. El uno había nacido para el otro, literalmente. Ambos nos pertenecíamos y nos amábamos, nadie nos separaría jamás».
«Escuché un aullido agudo y estremecedor dentro de mí, un aullido que reclamaba una liberación. Sentía cómo mi alma se revolvía en mi interior como si estuviese atrapada, se agitaba desbocada, intentando salir de alguna cárcel. Mi Nessie, mi ángel, eso era lo único que ocupaba la poca razón que me quedaba, y ella no estaba allí, la habían apartado de mi lado. La ira volvió a darme un latigazo desgarrador y profundo y, sin saber cómo, algo cambió dentro de mí».
«―Jake ―le llamé con un murmullo.
―Dime.
Alcé el rostro para mirarle y él bajó el suyo, haciendo que nuestros dos semblantes quedasen a un palmo.
―Prométeme que jamás olvidarás que te quiero ―susurré.
―¿Qué? ―inquirió sin comprender.
―Pase lo que pase, aunque no te lo pueda decir, quiero que recuerdes que yo siempre seré tuya, que te amo, y que siempre, siempre te amaré.
―¿Por qué me dices esto? ―Sus cejas bajaron con extrañeza.
―No lo sé…, es una especie de intuición ―manifesté con un poco de ansiedad.
―Nessie, solo ha sido una pesadilla ―murmuró.
―Prométemelo ―le imploré, subiendo la mano para acariciar su hermoso rostro―, prométeme que nunca olvidarás que te quiero.
Sus ojos se clavaron en los míos durante un instante.
―Te lo prometo ―dijo por fin».
«¿Existen los cuentos de hadas? ¿Esos mundos repletos de brujas feas y malvadas, hechizos, magos, príncipes azules, dragones, castillos y encantamientos? Yo creía que no, pero me equivocaba.
Esos cuentos que mi madre me contaba para dormirme cuando tenía un mes y de los que pronto me cansé, son reales. Lo que no sabía es que nada era como está relatado en los libros.
La madrastra no es mala, la bruja es hermosa y ayuda a la princesa fea, el mago es cruel y malvado, las princesas ya no quieren a un príncipe y Caperucita es la que tiene que internarse en el bosque oscuro para rescatar al lobo.
Cuando entendí esto último, todo cambió».
«Ya no podía más. Estaba cansado de luchar contra mi corazón, harto de dejarme llevar por esta estúpida rabia y este rencor absurdo y doloroso que siempre me dominaba. Le perdonaría, le perdonaría todo, cualquier cosa. Si me cortaba un brazo, le perdonaría. Si me seccionaba la lengua, le perdonaría. Si me arrancaba el corazón, le perdonaría. Si después me dejaba para irse con ese imbécil, le perdonaría. Todo con tal de estar a su lado. No. No iba a dejarme dominar nunca más por ese rencor. Ella quería que ahora fuese suyo, y lo sería, lo sería siempre que ella quisiese, para siempre. No me importaba, podía utilizarme si quería, a su antojo, porque yo era suyo, solo suyo, y lo sería eternamente. Podían pasar cien años sin verla, yo me entregaría a ella al ciento uno, esperaría por ella cada día, cada hora, cada minuto. Sería su mejor amigo, sería su esclavo, sería su amante secreto si quería, no me importaba en absoluto. ¿Quería que le hiciese el amor? Se lo haría. ¿Quería que matase a alguien por ella? Lo mataría. ¿Quería que me arrastrase como un perro? Me arrastraría. Lo único que me importaba era tenerla a mi lado, hacerla feliz, la manera en que fuera me daba exactamente igual».
«Su hermano de manada se dio la vuelta para seguir con sus menesteres y yo también aproveché para darle un trago a mi cerveza fría y refrescante.
Tanto como la mano que sentí en mi espalda acto seguido.
―Eso es una de las cosas que más hecho de menos ―afirmó Em, suspirando―, tomarme una buena cerveza fría.
―¿Quieres que te pida una? ―le preguntó Jake, desplegando una sonrisa burlona.
―Ja, ja ―articuló mi tío con ironía.
―¿Y tú, rubia? ¿No quieres tomar nada?
―Lo único que quiero es salir a campo abierto, esto huele igual que una perrera ―resopló, llevándose la mano a la nariz.
―Pero si fuiste tú la que quisiste venir a la barra para estar con ellos ―reveló Emmett, mirándola con incredulidad.
Ella le dedicó una mirada asesina por ese chivatazo involuntario.
―¿Ah, sí? ―sonrió Jake, observándola con intención.
Rose se giró hacia Jacob con un movimiento enérgico.
―Solo para estar con Nessie ―alegó, alzando su barbilla de lado con encopetamiento.
―Venga ya ―dudó él―. ¿Cuándo vas a reconocer de una vez que me adoras?
―Sigue soñando, perro ―negó, llevando su pelo hacia atrás de un manotazo.
Jacob se carcajeó y le dio más tragos a su cerveza».
«Y entonces, cuando llegué al final de las escaleras, mi corazón se puso a latir como loco, lo hacía con tanta fuerza, que parecía que se me iba a salir del pecho. También escuché el suyo, que lo hacía justo a la mitad que el mío, se habían sincronizado incluso para esto.
Jacob ya me esperaba junto a la chimenea. Solamente vestía los pantalones de lino color hueso que había llevado en la boda, que resaltaban sobre la cobriza piel de su increíble torso desnudo, y clavó sus ojos de fuego en los míos, reclamándome como nunca antes.
Las mariposas de mi estómago ya salieron despedidas, excitadas, alocadas, ansiosas. El deseo que sentía por él era indescriptible, ninguna palabra, por grandilocuente que fuera, podría describir el inmenso deseo que sentía por Jacob. Era un tornado, un tsunami de fuego, algo que arrasaba con todo, incontrolable, incontenible».
«Algo dentro de mí estalló con una furia incontrolada, bestial, salvaje. Daría mi último soplo de vida por ella, me importaba una maldita mierda morir, pero Nessie era intocable. ¡Ella era sagrada! ¡SAGRADA!
Sin saber cómo, empecé a sentir otra energía nueva, una energía cargada de adrenalina que me recorrió entero y que explotó en lo más hondo de mis entrañas de forma súbita e indomable. Sí, fue un Big Bang que se apoderó de todo mi organismo, haciéndolo estallar, y que se llevó por delante a todos esos gusanos que me estaban carcomiendo por dentro, purificándome al instante. Mi convalecencia había terminado. Me puse en pie con rapidez para proteger a mi ángel al tiempo que un brillo fulgurante y cegador radió de todos los puntos de mi cuerpo cuando eso explosionó, envolviéndome con una onda expansiva extremadamente luminosa que se extendió a la velocidad de la mismísima luz».
«―Así que un cachorrito, ¿eh? ―rio Emmett, exultante.
Se notaba que la idea de un sobrino lobo le encantaba.
―Ya ves ―sonrió Jake.
En cambio, Rosalie torció el gesto, pero solo fue una mueca que duró un segundo.
―Hubiera preferido una niña, la verdad. Iba a oler mejor ―suspiró―. Pero, bueno, le querré igual ―sonrió después.
―Tranquila, rubia. Olerá bien hasta que alcance la pubertad ―le soltó Jake con acidez, dedicándole una mirada de odio.
―Un niño crecerá a un ritmo humano, Rose ―le recordó mi madre―. Tendremos más tiempo para disfrutar de él.
Mi tía lo meditó durante solo un segundo y sonrió con satisfacción».
«Me di la vuelta y rodeé su cuello con mis brazos, haciendo que sus manos pasaran a mi cintura. Nuestras miradas se engancharon, hipnotizándonos el uno al otro, y la energía comenzó a danzar a nuestro alrededor. Mi pulso ya se había acelerado solo con perderme en sus penetrantes e intensos ojos negros, pero cuando comenzó a acercar su rostro lentamente sin despegar esas profundas pupilas de las mías, mi corazón se desbocó por completo. Sí, mi corazón era un caballo salvaje que galopaba hacia él, corría frenéticamente para alcanzarle, aunque también noté cómo el suyo latía a mil por hora. Su frente rozó la mía y nuestros párpados se cayeron, rindiéndose, entregándose, y yo me moría por notar sus ardientes labios. Mi boca ya suspiraba sin cesar, como la suya, era inevitable, inevitable. Jacob era mi droga, mi dulce droga, siempre lo había sido y siempre lo sería, para siempre, eternamente».
«Allí, arrodillada en el suelo, junto al tronco de un abeto, se encontraba mi ángel, y sus manos rodeaban su vientre. Su hermoso rostro estaba desfigurado por un dolor desgarrador y una expresión de tortura y tormento que apuñaló mi alma hasta el fondo. El aire se me escapó de los bronquios con horror cuando vi la sangre que bañaba su barriga, mis ojos no se pudieron abrir más. Una herida lacerante, sangrante y alargada se extendía por su vientre de arriba abajo, y aunque esta aún no era muy abierta, parecía que se acrecentaba por momentos».
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COLABORACIONES
Antología de relatos de varias autoras con fines benéficos.
Otra parejita alfa: Jorus y Neth
Mi relato: DOS + UNO = 2, un triángulo amoroso ambientado en un mundo muy peculiar.
«Jorus se había acercado otro paso y de pronto Neth se dio cuenta de que estaban demasiado cerca el uno del otro. Ahora Neth podía ver con más nitidez y detalle el color miel de los ojos que se clavaban en los suyos con tanto ahínco. Eran claros e intensos, y hacían juego con la melena que se extendía por toda su espalda. Si Jorus fuera un animal, sería un hermoso y fuerte león. Jorus era un hombre apuesto. Muy apuesto.
Neth se apartó de él, dándole la espalda. Notó el estúpido e incomprensible rubor que calentaba sus mejillas y el acelerón de su corazón, y también el pellizco de su bajo vientre, pero no permitió que esas tonterías la distrajeran».
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