ESTA SOY YO

En esta sección no voy a aburriros con mi currículum, voy a hablar de mí para que me conozcáis un poco, para que sepáis por qué escribo de la forma que escribo.

Muchas veces me preguntan cómo empecé a ser escritora. En realidad, hasta hace muy poco no me creía una escritora como tal. Siempre he dicho que soy una pensadora de historias, pues un sinfín de mundos y personajes vuelan y fluyen en mi imaginación desde que tengo uso de razón. Primero lo utilizaba para jugar con mi hermana, con la que creaba muchas situaciones e historias, casi guiones estructurados, cuando jugábamos con muñecas. Cuando empecé a ser un poco más mayor, lo usaba para evadirme de mis problemas mientras escuchaba música con mi walkman, a oscuras. Y esas historias crecían, y crecían, y crecían… Nunca llegué a escribirlas. ¿La razón? Pues, por muy simplona y desilusionante que resulte, porque me daba mucha pereza escribir a mano. Sí, mi manada, simplemente por eso. En mi época de juventud los ordenadores no estaban a disposición de todo el mundo, muy poca gente podía tener computadora, y tampoco eran como las de ahora, oh, no, eran programas muy complejos de los que tenías que tener un mínimo de formación. Y tampoco tenía máquina de escribir, así que ponerme a escribir a mano me resultaba de lo más tedioso. Sí, en aquella época era un poco vaga, tengo que reconocerlo. Pero también pasaban otras cosas que me quitaban las ganas de escribir nada.

Mi infancia, a pesar de haber sido peculiar y diferente, la recuerdo bastante feliz; mi adolescencia no lo fue tanto. No voy a hablar de mi vida personal durante ese periodo ni de lo que ocurrió. No es que no quiera o me importe que los demás la conozcan, eso me da igual, sino que atañe a terceras personas, hay personas de mi familia a las que puedo herir, y eso no lo haré jamás, porque las quiero. Lo que ocurría en aquel entonces en casa hacía que yo fuera un coche sin frenos, una bomba que estallaba una y otra vez, una granada llena de ira, de odio, de resentimiento. Era joven, y aún incrédula e inocente por mucho que pensara lo contrario de mí misma, tenía esa edad en la que, o algo era blanco, o era negro. No había colores intermedios, algo era bueno o malo, alardeaba de los extremismos de la juventud. Pero qué ingenua era. Cometí muchos errores de los que años más tarde me di cuenta. A mis 15 años no entendía lo que pasaba, no comprendía nada. No sabía nada de la vida, ni de las personas, ni de lo que hace que una de ellas se descarríe a pesar de estar dándose cuenta de ello, de lo que hace que una persona se lance al abismo consciente o inconscientemente. Esa persona, o era buena, o era mala. Mi ira me llevó a ser rebelde. No de los que toman drogas ni bebe alcohol (gracias a Dios no me dio por ahí), pero sí de los que son violentos y pegan golpes, y gritan a la gente que aman. Gritas porque no sabes cómo decir que no puedes más, que estás al borde del colapso emocional. Y pegas golpes porque no sabes cómo canalizar toda esa furia, toda esa frustración. Esa situación emocional fue la que hizo que dejara los estudios (obviamente me iban fatal), aunque un año después, más recuperada, los retomé y pude sacarme dos ciclos formativos de grado medio y superior (para los que tuve que estudiar y aprobar dos pruebas de acceso, claro). Jamás dejéis de estudiar.

Sin embargo, esa etapa finalmente pasó. Y, ahora, todo lo que me ha sucedido en la vida: mi infancia marcada por unas creencias religiosas diferentes, por mis complejos, por haber sido «la rara» de la clase, mi turbulenta adolescencia, mis buenos y malos momentos, todo, lo he tomado como un aprendizaje y han forjado mi personalidad luchadora. Tal vez esa malograda adolescencia sea la culpable de que ahora me encante escribir New Adult, de que me encante la fantasía, de que me encante el amor, de que me encante meterme en la piel de mis jóvenes personajes y vivir junto a ellos esos momentos felices que yo no tuve entonces. Todo eso han sido experiencias con las que en la actualidad puedo escribir, con las que puedo analizar a mis personajes, gracias a ellas soy capaz de empatizar, crear personas con todo tipo de tormentos, sean cual sean, porque soy capaz de ponerme en su piel, porque soy capaz de observar y escuchar en silencio. Ahora puedo conocerlos sin prejuzgarlos, simplemente dejo que se desahoguen en mis páginas. Ahora me encanta que el lector haga ese ejercicio, que conozca los límites de la mente humana, ya sea en el amor o en otros ámbitos, incluso en la propia maldad, sin juzgar alegremente. Solo leer. Solo mirar. Solo escuchar.

Con esto quiero dejar un mensaje. Un mensaje para todos aquellos adolescentes, o que ya no lo son tanto, que están pasando por algún tipo de situación que les atormente. Ese mensaje es: todo pasa, todo es pasajero. Por muy negro que puedan parecerte las cosas ahora, y yo sé que lo parecen, yo sé que lo son, todo terminará pasando. Tomarás buenas y malas decisiones en tu vida, pero serán un aprendizaje, te harán mucho más fuerte. Quiero que sepas que tal vez no puedas cambiar a las personas, que habrá personas a las que amas con todo tu corazón que no podrás salvar, y llegará un momento en que tendrás que elegir si las aceptas tal y como son, si las amarás igualmente, o si las dejas para seguir tu camino. Es duro, pero solo con esas dos opciones serás libre al fin. Quiero que sepas, también, que siempre habrá gente no tan buena a tu alrededor, ya sea por ignorancia, por falta de personalidad o porque es malvada (que la hay), pero que eso es algo que no tiene que ver contigo, sino con ellos mismos. Ellos tienen el problema, no tú. No te centres en ellos, céntrate en lo que eres tú, en quién eres tú. Sé que eso también puede parecer como tratar de escalar una montaña boca abajo, pero sé que podrás. ¿Sabes por qué? Porque esas personas, más tarde o más temprano, o si tú quieres, estarán fuera de tu vida, y porque alguien que soporta lo que tú soportas es alguien muy, muy fuerte y poderoso. Puede que quizá no lo sepas, pero eres invencible. Pero, sobre todo, lo que quiero que sepas es que existe gente maravillosa por el mundo, gente buena que te escuchará si te abres, gente buena que te ayudará si te dejas, gente buena que habrá pasado por lo mismo que tú y que te comprenderá. Puede que ahora no la encuentres, pero, recuerda: todo pasa, todo es pasajero. Más tarde o más temprano, la encontrarás. Tú y solo tú puedes elegir tu camino, solo tú tienes el poder de cambiar las cosas. Sí, por increíble que te parezca ahora, puedes cambiarlas. Sé fuerte y no te rindas jamás por mucho que alguien te diga lo contrario, por mucho que la situación trate de atarte. Porque eres un ser libre.

Mi único propósito es que mis libros sirvan para que te desconectes un poco de tus inquietudes y problemas, para que te evadas, para que vueles, para que viajes, para que sueñes, para que llores y sonrías, para que ames, para que veas con otros ojos, para que pienses con otras cabezas, para que sientas con otros corazones. Para que seas quien quieras ser, para que seas libre. Quizá, al igual que me ocurría a mí de jovencita cuando escuchaba música en mi walkman, alcances un poquito de esa libertad que llevas dentro, quizá mis libros puedan ser tu walkman, quizá te ayuden a correr por tus bosques con libertad como un lobo salvaje, un lobo luchador, junto a esta pequeña manada.

Eres un guerrero, digan lo que digan, pase lo que pase, un lobo fuerte y valiente, invencible. Y no estás solo.

Si quieres, esta puede ser tu manada a partir de ahora.

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