EL MUNDO DE SOL Y LUNA

Al tratarse de una única novela, he tenido que desarrollar mucho menos el mundo de Sol y Luna, en comparación con mi saga Los Cuatro Puntos Cardinales o mi saga Fanfic Despertar, con los que he podido explayarme más. Aun así, Sol y Luna goza de un mundo original rico en pequeños detalles que lo hacen único y especial.

La ambientación de Sol y Luna se fija en un mundo de fantasía totalmente inventado en el cual conviven varias culturas, etnias y sociedades, y cuya fauna y seres también son muy diferentes. Inspirado en un tiempo ancestral, aunque con toques modernos, se compone de dos vertientes: el mundo terrenal y el mundo místico.

Mundo Místico

Sol y Luna tiene una parte mística muy importante que forma un todo junto con el mundo terrenal. Existen varios dioses en esa estratosfera celestial, pero en la novela destacan dos por ser los más importantes: la diosa Sol y el dios Luna. Todo lo que sucede en el mundo terrenal se mueve básicamente a tenor de lo que decretan esos dioses y sus dos únicos descendientes.

La diosa Sol y el dios Luna


La diosa Sol es buena, paciente y bondadosa, y es la encargada de proteger a todos los seres de la Tierra dándoles calor, luz y vida. Ella es la reina del día. El dios Luna, por el contrario, es severo, rígido y duro, protege a las criaturas de la noche y la oscuridad. Él es el rey de la noche. Ambos, como los seres a los que protegen, son esenciales para el equilibrio de la Tierra. Cuenta la leyenda que el dios Luna y la diosa Sol se enamoraron, viviendo un intenso romance, y que fruto de ese amor nacieron dos mellizos: Jedram y Vlakir. Desde entonces, y por una circunstancia que no voy a revelar para no hacer demasiados spoilers, la diosa Sol y el dios Luna solo yacen juntos durante un eclipse, donde se entregan mutuamente.

Los dos semidioses mellizos son los encargados de gobernar en el mundo terrenal y de llevar a cabo el cometido de sus padres, aunque estos dejan que realicen tal tarea a su modo y no se inmiscuyen. Ambos gozan de un ejército propio que le es fiel, ya sea por decreto y temor o por la más alta admiración y respeto.

Jedram, Príncipe de las Sombras


A pesar de ser alguien despiadado y terrorífico, convive con los humanos en la tribu tika, máximo exponente de los fieles del dios Luna, siendo su aclamado rey. Eso les ha hecho ser los más fuertes, invencibles, un pueblo temido por todos. El carácter de ambos mellizos es muy diferente. Mientras que a Vlakir le van más los suculentos placeres de la riqueza, y su máxima preocupación es su posición, estatus, prestigio y una buena reputación, a Jedram le gusta la vida terrenal, donde puede ejercer su poder de primera mano y saborear el placer que le proporciona la sangre de una batalla. Jedram posee menos magia que su hermano, pero es temido por doquier, y no es para menos. Representa a la noche, a la oscuridad, y a todos todos sus abominables seres, los cuales le siguen con fervor y adoración. Además de su implacable crueldad, su niebla negra, mortífera y despiadada, puede acabar con todo cuanto le rodea en un mísero parpadeo. A Jedram le encanta jugar. Los pueblos terrenales viven a merced de esa terrible amenaza, pues si no quieren ser aniquilados por ella, o por la sanguinaria espada del semidiós, deben hacerle un pago de sangre con un sacrificio humano al año.

Vlakir, Príncipe de la Luz


Al contrario que su hermano, Vlakir prefiere los lujos celestiales que le brinda su acomodada posición y muy pocas veces desciende al mundo terrenal en su forma mortal. Para llevar a cabo su mandato, utiliza a sus propios emisarios, los llamados rayos, seres incorpóreos que se asemejan a brillantes y cegadoras luces que pueden adoptar múltiples formas. Vlakir goza de mucho poder y representa al día, a la luz, pero ha sido un niño consentido y mimado que ha marcado su carácter egocéntrico y vanidoso.

El árbol de la vida


El árbol de la vida podría ser otro personaje más, ya que es un ente con autonomía propia. Fue plantado por el dios Luna y la diosa Sol y Lupra lo describe así: «el árbol bañado por el sol más puro de las montañas y regado con el rocío que emana de la luna». Su savia es mágica, dotando de vida eterna a todo aquel que la toma, si bien es el mismo árbol quien elige a quién se la da. Está conectado directamente con Jedram, siendo muy importante para él, pues es una vía de comunicación entre este mundo y el inframundo que le comunica con su padre. El robo del árbol de la vida supone la pena de muerte a manos de Jedram, si bien la ejecución de ese delito es prácticamente imposible. El árbol provoca una sugestión magnética en la persona que lo ansía, la cual se ve atraída irremediablemente con el embrujo de la eternidad soñada. Una vez que tiene atrapada a su presa, le arranca la vida para que su savia se nutra de ella. Y si aún con esas alguien osa a intentarlo, Jedram, siempre protector del árbol, se encarga de que cumpla el castigo.

Mundo Terrenal

En este mundo terrenal tan particular conviven varias tribus, pueblos y ciudades, cada uno de ellos con sus propias culturas y costumbres. Mi mundo Sol y Luna es un mundo duro lleno de peligros, y eso condiciona la supervivencia y, en consecuencia, la convivencia. Estas son algunas de las culturas, etnias y fauna que aparecen en la novela:

La tribu wakey


Cultura y modo de vida: es un pueblo de costumbres muy arraigadas y cerradas. Un patriarcado, donde la mujer se limita a la casa y los hijos, y cuya máxima aspiración es la de encontrar un marido y casarse, está rígidamente establecido desde tiempos ancestrales. Residen en aldeas cuyas casas, hechas de finas ramas fuertes y resistentes, cuelgan de las partes altas de los árboles para evitar los ataques de los temibles noquis, a los cuales los hombres vigilan constantemente en la frontera haciendo turnos de guardia. Gozan de una pequeña dotación de guerreros compuesta exclusivamente de hombres sanos y fuertes que son muy diestros con la lanza. Los wakey viven de la caza y la pesca, y en temporadas de escasez los guerreros hacen expediciones para ir en busca de una caza mejor. El hombre wakey también se encarga de encurtir la piel de las presas que cazan, mientras que la mujer es la que cose y confecciona las piezas. Su indumentaria es muy similar a la de las tribus nativas de Sudamérica de nuestro mundo real. Son afables y sumamente hospitalarios.

Creencias: los wakey veneran a la diosa Sol, pues es la que representa la luz y la vida para ellos. En cambio, se protegen del dios Luna y de Jedram, a quienes muestran un ferviente respeto y temor.

Enemigos: la tribu tika es el enemigo ancestral de los wakey por venerar al dios Luna y por estar regidos por Jedram. Les tienen un profundo temor por considerarles muy peligrosos; sin embargo, en realidad tienen un profundo desconocimiento con respecto a sus costumbres y su vida.

La tribu tika


Cultura y modo de vida: la gente de la tribu tika es ruda y bruta, pero muy alegre y trabajadora. Viven la vida al límite, les encanta pasarlo bien y no dudan en hacer una fiesta por todo siempre que haya cerveza o vino de por medio. Eso sí, son muy leales y fieles, le profesan un profundo respeto a Jedram y le obedecen ciegamente. La tribu tika es básicamente un pueblo guerrero y toda su actividad está enfocada a ello, aunque también viven de la caza. Su aldea está oculta en una arisca montaña, cuyo acceso es secreto y mágico, y sus hogares se asientan en las propias rocas, siendo cuevas bien estructuradas y cómodas. Su indumentaria, y algunos elementos de su folclore, se asemeja a la de la antigua cultura celta de nuestro mundo real, como la vikinga. La mujer tika tiene los mismos derechos que un hombre y realiza las mismas tareas, si bien el cuidado del hogar y los hijos sigue estando a su cargo. Su ejército es extenso y experimentado, la élite, donde las mujeres también participan como guerreras.

Creencias: los tika son los fieles más acérrimos del dios Luna. También veneran a Jedram.

Enemigos: al tratarse de un pueblo guerrero cuentan con un sinfín de enemigos, incluidos los wakey, pero Jedram impone tanto respeto que absolutamente nadie se atreve a ofenderles.

Los murth


Por hallarse en una zona de paso, viven en una aldea bien estructurada que goza de múltiples y modernos servicios tales como tabernas y posadas. Sus habitantes son algo rudos y ásperos en el trato en una primera instancia, sin embargo es un pueblo pacífico que sobrevive gracias a la gente extranjera que pasa por su aldea.

La Ciudad Perdida


En el valle de unas montañas rojizas, engullida por un agujero protector, se encuentra la preciosa Ciudad Perdida. Hecha en su totalidad por oro, diamantes, gemas y más piedras preciosas, se erige desde abajo en edificaciones altas y bellamente retorcidas. Sus habitantes, incluso los animales, también están hechos de gemas, es por eso que se les conoce como «los hombres de gema». El rey de la Ciudad Perdida es Chillitz, quien se hizo con el trono con unas artes no muy morales.

El Reino de las Brujas Exiliadas


Hace ya muchos años que Chillitz desterró de sus tierras a todas las brujas que osaron utilizar su magia negra para hacer el mal. Ahora viven escondidas en un lugar mágico que se oculta en una zona infestada de ciéganas. Tras los muros de las cuevas, emerge una urbe actual como las nuestras, con los esplendorosos y brillantes rascacielos de las grandes ciudades. Las brujas son mujeres, pero no está muy claro si pertenecen a este planeta o si proceden de otro, pues su anatomía, y sobre todo su rostro, es más bien propio de seres extraterrestes. Además de su magia, también poseen unas artes telepáticas cuya procedencia podría deberse a su condición alienígena. El salto espacio-temporal que se traspasa al atravesar los muros de su escondite, también podría deberse a esta misma condición.

Los buakas


Los buakas son nómadas y, en resumidas cuentas, se dedican al trapicheo y a hacer trabajos sucios para unos u otros. Poseen un don extrasensorial que les hace capaces de detectar animales, personas y objetos a un kilómetro de distancia; gracias a eso son cazadores natos. Son muy, muy supersticiosos, por ese motivo siempre dicen la verdad, aunque no dudan en hacer lo que más les conviene al momento, cambiando de bando continuamente, no son leales.

Los seres mágicos y la fauna de Sol y Luna


Las caistras: son una especie de hadas, pero diferentes a las de los cuentos que conocemos. Sus formas corresponden a elementos inanimados relacionados directamente con la naturaleza, tales como flores, hojas, piedras, hongos… Con unos simples puntos a modo de ojos, carecen de boca y de otro rasgo físico, aunque pueden comunicarse mágicamente con el habla. Sus formas se mantienen en el aire gracias a unas esferas luminosas de color verde que las rodean y protegen. Las caistras son muy traviesas y juguetonas, y nunca tienen un límite, lo que a veces, si se descontrolan, las convierte en un peligro.

Los noquis: son bestias enormes y feroces. Su pelaje es rayado y sus ojos rojos como la sangre. Gracias a sus seis poderosas patas, son muy rápidos, un depredador letal. También son peligrosos por ser muy impulsivos, descontrolados e imprevisibles.

Los dathazs: son bóvidos de gran tamaño y corpulencia que gozan de largas y anchas cornamentas semejantes a ramas. Son ágiles y veloces. Nala los describe como mitad búfalos con la cabeza de un ciervo enorme.

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